viernes, 26 de abril de 2013

Yo quiero ser María Moliner

Madame Cezanne in the Greenhouse, de Paul Cezanne

Dicen que algunos autores no leen libros sino diccionarios y también dicen que hay quien sólo lee enciclopedias. Supongo que esto sería antes de existir Wikipedia porque ahora me parece bastante incómodo eso de ir enlazando artículo con artículo en la pantalla.

Tengo para mi que estas personas deben ser reconocidas como los mayores amantes del lenguaje porque ¿cómo si no podrían dedicar su afán y su tiempo libre a leer palabras y sus significados? Cuentan que Flaubert lo hacía persiguiendo le mot juste y que Emily Dickinson devoraba diccionarios sin ningún objetivo ni finalidad, sólo por el puro placer de hacerlo.

Imagino que María Moliner a la pasión por la palabra exacta le añadía el deseo de crear y emprendió la titánica tarea que culminó en los dos tomos de su Diccionario de Uso del Español que reposan en mi estantería. Cuando por fin pude comprarlos, después de ahorrar como una hormiguita, me sentí más feliz que con unos zapatos nuevos y una bicicleta a la vez, y pensé que ya podía considerarme una filóloga.

Ahora los dos tomos están manoseados tras mil consultas, ambas portadas lucen remiendos con celo y sigo acudiendo a ellos cada dos por tres. Comparten uso y abuso con el Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana de Joan Corominas, en cuyas páginas también se me puede encontrar demorada y feliciana.

Si dicen que en general a todos nos gusta ser quienes somos, a mi, qué quieren, me hubiera encantado ser María Moliner. Rara que es una.

5 comentarios:

  1. Yo pienso muchas veces cómo se las ingeniaban los escritores de entonces. Yo cuando escribo no dejó de "clikear" diccionarios de sinóminos, el DRAE, el etimológico... pero imaginarme sin Internet, me ralentizaría mucho el trabajo, desde luego.

    ResponderEliminar
  2. Yo no me puedo imaginar cómo podían escribir sin un simple Word. ¿Cómo se corrige si no puedes simplemente borrar de un plumazo todo un párrafo? Imagino tachaduras, anotaciones al margen, volver a escribir... Creo que tienen un mérito del que normalmente no nos acordamos.

    ResponderEliminar
  3. Creo haber leído que Borges comenzó a leer la Enciclopedia Británica... y ya no la pudo dejar.
    Josean

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué bueno! Gracias por el comentario, Josean.

      Eliminar
  4. María Moliner y Joan Corominas son un ejemplo de personas enamoradas de la lengua, de las palabras que la forman. El segundo no sólo en castellano pues las demás lenguas que se hablan en ESpaña merecieron su atención y estudio. Las titánicas obras que dejaron son merecedora de citas y referencias en cualquier artículo de lengua. Su forma de trabajar, casi siempre con fichas manuscritas o máquina de escribir, es impensable hoy en día donde el word facilita mucho el trabajo. Gracias a los dos.

    ResponderEliminar