jueves, 28 de mayo de 2015

En un metro de bosque

Summer, de Gunnar Berndston

David George Haskell se sienta cada día durante un año en una piedra ante un metro de bosque. Algunos días llueve, otros hace frío, otros el sol calienta su cuerpo. Allí en ese breve espacio del mundo sucede todo y no pasa nada, caen las hojas, se afanan las hormigas, surge el aroma de la tierra húmeda... Es un libro apasionante que empieza así:

"El año nuevo empieza con el deshielo, y el olor húmedo y denso del bosque me inunda el olfato. La humedad ha hinchado el manto de hojas caídas que cubre el suelo y suculentos aromas foliares invaden el aire. Dejo el sendero que baja por la ladera del bosque y rodeo una peña del tamaño de una casa, erosionada y llena de moho. Al otro lado de una hondonada poco profunda en la ladera de la montaña veo mi punto de referencia: una roca alargada que sobresale de la hojarasca como una pequeña ballena. Ese bloque de arenisca delimita un borde del mandala.

Solo me lleva unos minutos atravesar el pedregal rocoso y llegar a la roca alargada. Paso junto a un gran nogal americano y apoyo la mano en las tiras grises de la corteza: el mandala está a mis pies. Lo rodeo hasta el otro lado y me siento en una piedra plana. Después de una pausa para inspirar el aire cargado de aromas, me pongo a observar."

Haskell, David George: En un metro de bosque. Un año observando la naturaleza.
Editorial Turner.

miércoles, 27 de mayo de 2015

¿Por qué llamamos "gabachos" a los franceses?

Bound, de Daryl Zang

Las explicaciones son varias y diversas. Una de ellas afirma que la voz "gabacho" (o gavacho) se refería a los franceses que pasaban a España a trabajar procedentes de pueblos de las faldas de los Pirineos, junto al río Gaba (hoy Gave) y de ahí el término "gabacho".

Otra teoría se refiere a la supuesta incapacidad de los franceses para hablar correctamente el español. De hecho durante la invasión napoleónica existía la expresión "hablar en gabacho", referida a los franceses que no hablaban bien español. A este respecto debemos recordar que, en reciprocidad, cuando alguien habla mal francés se le aplica una expresión existente en ese idioma que nos recuerda a nuestra cabaña vacuna (parler français comme una vache espagnole, adaptación popular de hablarlo comme un Basque espagnol), lo cual expresa por sí mismo la importancia que cada pueblo da a su lengua.

Hay aún una tercera teoría que afirma que la voz "gabacho" tiene orígenes vascos, a partir de las palabras "gabes" o "gabas" ('rocas y riachuelos') y "acha", "aitza" ('riscos'), y se apoya en el hecho de que en Francia se llama "gavacherie" a un dialecto que hablan los habitantes de un cantón de Libourne, la Reole y Marmande, lo cual situaría el origen de la palabra en el propio territorio francés, como lo confirmaría la idea de que la palabra procede del provenzal gavach, 'el que habla mal'.

Me temo que en lugar de aclarar algo les he sumido en la confusión. Les pido disculpas, estas cosas del lenguaje a veces son así.

sábado, 23 de mayo de 2015

El filólogo que llevamos dentro

Sin título, de Rossina Bossio

Cuando a uno le gusta mucho el lenguaje se fija en todo lo que tenga que ver con él, las más de las veces disfruta, las menos se desespera pero siempre frente a una expresión distinta se para a pensar  ¿está esto bien dicho, está bien escrito?

Y aquí caben dos posibilidades: o bien se aferra uno al diccionario de la RAE y si está en sus páginas está bien dicho y si no está es incorrecto, o bien piensa que la lengua es un elemento vivo que no le pertenece a la RAE, ni al filólogo ni al académico.   

En mi opinión, tan absurdo es mantener una posición purista, conservadora e inalterable, como pensar que se puede decir cualquier cosa. Como en tantos ámbitos de la vida, lo ideal es buscar el equilibrio, tener cintura y criterio para comprender, por poner un ejemplo, que hay que dar paso a "tuitear" pero que el dequeísmo es feo, pero feo, feo.

Porque aunque cada hablante lleva un filólogo en su interior, la lengua no es propiedad exclusiva de ninguna institución ni gobierno, la grandeza de la lengua es que es de todos y de nadie a la vez.

jueves, 21 de mayo de 2015

Cifras y letras

Giacometti perdido en Gorbea, de Jesús M. Lazcano

Según la Institución Ethnologue, el total de lenguas en el mundo se calcula en estos momentos en 7102 y están repartidas por continentes de la siguiente manera:

África tiene 2138 lenguas vivas; Australia y las islas del Pacífico tienen 1313; América (Norte, Central y Sur), 1064; Europa, 286; y Asia, 2301.

De estas más de 7000 lenguas solo hay 600 con más de 100 000 hablantes, cifra que se considera la mínima para que la lengua no desaparezca a medio plazo. Y solo entre 200 y 250 lenguas tienen más de un millón de hablantes, como el swahili de África oriental y el quechua de los Andes.

Existen 9 países que tienen cada uno más de 200 lenguas, la India tiene más de 380, Nigeria, 450 e Indonesia, 670, y en este momento un total de 916 están en riesgo inminente de desaparición.

Recordemos alguna de estas cifras cuando se nos ocurra pensar que España tiene demasiados idiomas.

martes, 19 de mayo de 2015

Sin pretensiones no se puede vivir

Ondarreta, de Clara Gangutia

"De todos modos, es un poco difícil superar a Jacinto Verdaguer. Lo que sorprende más en estos países, en que el esfuerzo literario suele agotarse tan prematuramente, es la aparición de casos de gran vitalidad, de capacidad biológica potente. Verdaguer fue un hombre fuerte, violento, orgulloso, de cuerpo entero. No podía ser de otra manera: coger con las manos una lengua conservada maquinalmente por la peblesía como quien coge un barro informe, y convertirla en un medio de expresión, es una tarea considerable... ¡Se dice pronto! Desde el punto de vista de la eficacia, pues, todo lo que se pueda decir en honor de Verdaguer será poco, al lado de lo que merece.

Pero nuestra generación trata de decir, en la lengua restaurada hace cuatro días por Verdaguer, todo lo que en las lenguas más trabajadas se dice normalmente. Quizá es una pretensión excesiva. Sin pretensiones, sin embargo, no se puede vivir. Así, tanto en cómo decir las cosas, el problema está en tener algo que decir. Esto es lo que separa nuestros días de los de Verdaguer".

Plá, Josep: El Cuaderno Gris

miércoles, 13 de mayo de 2015

El euskera es muy difícil

Tania, de Annalisa Avancini

"El alemán es muy difícil pero en cambio, el italiano es fácil; el euskera es también muy complicado y el japonés, no digamos". Es habitual escuchar opiniones acerca de lo fácil o difícil que es un idioma, pero lo cierto es que no hay lenguas simples y lenguas complicadas, la cuestión de la dificultad solo depende de cuánto esa lengua se parece a la propia. Porque todas las lenguas tienen en común características que son universales.

Todas tienen consonantes y vocales, todas tienen unidades de sentido (palabras), la relación del sonido con el significado es arbitraria siempre (salvo en el caso de las onomatopeyas). Todas las lenguas implican redundancia, es decir, tienen más elementos de los estrictamente necesarios para expresarse, todas poseen ambigüedad e irregularidades. Todas parten de un número limitado de signos y con ellos son capaces de producir enunciados ilimitados. Todas evolucionan. Todas permiten la creatividad, el juego, los cambios de sentido, la formación de imágenes y de figuras poéticas. Todas están estructuradas en tres niveles: el sonido, la disposición gramatical y el significado.

El alemán y el euskera nos parecen difíciles porque son lenguas con un sistema aglutinante muy distinto del castellano. El italiano es fácil porque procede del latín, igual que el español. Y nunca somos conscientes de la dificultad de la lengua propia porque la aprendimos mucho antes de saber lo que era el pluscuamperfecto de subjuntivo y los sintagmas preposicionales.

lunes, 11 de mayo de 2015

Izquierda y derecha, las palabras que vinieron separadas

MV1, de Elaine Despins

Contra lo que se podría esperar, las palabras "izquierda" y "derecha" no llegaron a nuestro idioma juntas, aunque formen la pareja de hecho más indisoluble de la historia. El término "derecho" procede del latín directus y tiene un sentido positivo, como los derechos (frente a los deberes), que también vemos en otras lenguas, como el francés "droit" y el inglés "right".

Sin embargo, la palabra "izquierda" no procede del latín ni del griego, como cabría esperar, sino del euskera ezker, ezkerra que desbancó a la esperable opción latina sinistru(m), inicialmente usada en español, pero en franca derrota desde el siglo XV, o incluso antes. Es posible que al haber entrado en el idioma la palabra cargada de las connotaciones negativas que tenía en latín, los hablantes sintieran la necesidad de recurrir a otro término para designar la idea espacial de 'la mano izquierda' y evitar así los tabúes que representaba la voz "siniestro", que ya podemos encontrar en el siniestro vuelo de las aves que marcaban el destino del Cid de Vivar, allá por el siglo XI.

¿Un poco de marketing popular allá por el siglo XII?