viernes, 24 de abril de 2015

Memorias de la niñez

El Pintor Thaulow y su mujer, de Alfred Philippe Roll

Salseando en la biblioteca he encontrado "Lenguas y comunicación en la emigración" de Beatriz Díaz, libro que describe la situación lingüística de un barrio de Bilbao en el que viven muchos emigrantes. Según su autora, es habitual que hablen la lengua de su pueblo, la de su país y que también hablen castellano (lo aprenden mucho más rápido que los entrenadores de fútbol extranjeros, es curioso) y alguna otra que han aprendido por el largo camino recorrido hasta llegar a España. Pero, y si estos emigrantes tienen hijos, ¿qué hablan los niños? Veamos el caso de Filipe que se relata en el libro:

"La madre de Filipe es de Angola y su padre de Cabo Verde. Filipe que tiene 7 años nació en Portugal, de donde vino con 6 meses de edad. Su madre emplea con él más el portugués que el umbundu, su lengua materna. Su padre le habla criollo caboverdiano. Él se dirige a ellos en una lengua que se parece más al castellano que al portugués. La escuela de Filipe sigue un modelo de enseñanza en euskera, con el castellano como asignatura. Así que Filipe en la escuela se entiende en euskera, en el barrio los conocidos le hablan en castellano, en portugués o en gallego y él suele responderles en castellano".

Sería un trabajo precioso seguir la estela de estos niños y ver cuál de las varias lenguas de su niñez consideran su lengua materna, en cuál se expresan mejor, con qué otra se identifican más. Podría ser que sucediera que una de esas lenguas sea la de su ámbito familiar, otra la de la escuela, otra la de la calle... de cualquier manera con esta situación se podría hacer una película tan interesante como "Boyhood". ¿Algún director entre el público?

miércoles, 22 de abril de 2015

La triste historia del pueblo cherokee

By Her Lily White Hand, de Julyan Davis

Recientemente he tenido la oportunidad de visitar la mansión-finca-plantación del séptimo presidente de los Estados Unidos, Andrew Jackson. El tour que se ofrece, y que muestra bien poca complacencia hacia el presidente, explica que en 1828 este ordenó el traslado de las tribus indias del Este con el fin de entregar sus propiedades y sus tierras a los blancos. Los indios fueron obligados a partir sin más propiedad ni recurso que las ropas que llevaban puestas y el camino recorrido (2.200 millas a lo largo de nueve estados) fue tan terrible que hoy es conocido con el nombre de Trail of Tears, "Sendero de lágrimas".

Los supervivientes se instalaron en Oklahoma, crearon escuelas y allí siguieron utilizando su lengua, en gran parte, gracias a que en 1821, Sequoyah, un cherokee mestizo, inventó un silabario con el que poder escribir su lengua, pues había observado la ventaja de poseer algo semejante a lo que permitía a los blancos guardar en papeles las cosas que decían.

En un arduo trabajo que le llevó varios años desarrolló un silabario de 84 signos y tuvo tanto éxito que entre 1821 y 1861 se publicaron casi 14 millones de páginas en lengua cherokee.

¿Qué paso con el cherokee?, se preguntarán ustedes, pues que estalló la guerra, los indios optaron por el bando perdedor y la derrota significó el fin de la autonomía cherokee y con ella el fin de las escuelas y de la enseñanza de la lengua. Hoy en día solo un ocho por ciento de los indios cherokees que viven en las reservas conoce su lengua.

lunes, 20 de abril de 2015

Se hace camino al andar

Paul Dougherty, Heavy Seas

Supongo que todos nos hemos preguntado alguna vez cómo suceden los cambios lingüísticos, por qué  y cómo se pasa de decir "para atrás" a decir "p'atrás".

El lingüista alemán Rudi Keller utiliza un ejemplo perfecto para ilustrar cómo sucede el cambio lingüístico. Imaginemos un edificio público con un precioso césped enfrente. Para acceder a su entrada principal hay que dar un rodeo, pero un día, alguien con prisa cruza por en medio pisando la hierba. Poco a poco otras personas, también con prisa copiarán su comportamiento y atravesarán el césped, de manera que se irá marcando un camino. Los que habitualmente nunca pisarían la hierba, un día ven que hay un camino más corto que el que ellos hacen y deciden tomarlo, con lo cual ya tenemos una nueva forma de llegar al edificio.

Con el lenguaje pasa exactamente lo mismo con la diferencia de que en la hierba se podría poner una valla y en el lenguaje no.

martes, 14 de abril de 2015

Se le coge cariño a la ortografía

Hurricane Season, de Bo Blartlett

Que los hablantes nos aferramos a la ortografía es cosa bien curiosa y casi podríamos decir que es algo que se acentúa con la edad. No pocos de nosotros hemos renegado de niños a cuenta de la ge y la jota, argumentando impotentes que para qué dos letras distintas si "jeringa" y "geriátrico" suenan igual. ¿Y la b y la v? ¿Y la hache, que "no sirve para nada", qué me dicen de la hache? Pero luego crecemos y les vamos cogiendo cariño y cuando la Academia viene a simplificarnos la vida diciendo que vale, que no hace falta que le pongamos el acento a "solo" en ningún caso, nos rebelamos y decimos que le vamos a seguir poniendo el acento como hasta ahora, diga lo que diga la Academia. Así somos, sí.

Sin embargo, cuando se trata de la ortografía de otro idioma, sobre todo si pretendemos aprenderlo, la cosa cambia. ¿Qué me dicen del francés?, ¿tres acentos? ¡Por Dios, qué locura! ¡qué atraso! Aunque los franceses hicieron un intento de cambiar su ortografía en 1990 y tuvieron que dar marcha atrás por la gran oposición que suscitó ese intento "¿Qué interés tiene simplificar la ortografía so pretexto de que unos jóvenes cretinos son rebeldes a su aprendizaje?", clamaba un famoso editorialista francés. 

Está claro que todos le cogemos cariño a la ortografía, cada uno a la suya, por supuesto.

viernes, 10 de abril de 2015

La gristeza de los bingos

Brae, de Robin Frey

Algunas expresiones, algunas imágenes son tan afortunadas que se nos quedan en la memoria. Una que me gusta mucho es "la gristeza de los bingos" y es obra, cómo no, de mi admirado Trapiello. No me digan que no es una imagen afortunada, los bingos son en mi imaginación refugio de personas solitarias, lugar donde la gente entra de tapadillo buscando pasar el rato, matar el tiempo y de paso ganar unos euros. Un bingo es también el lugar en el que se pierden aquellos a los que les puede su ludopatía de forma que un bingo nunca me parece un sitio al que uno va a divertirse, sino un lugar gris y triste.

Otra expresión que me llamó la atención es del periodista Borja Hermoso y forma parte de una entrevista que le hizo a Antonio Gala. El periodista describía al escritor presentándole "como si fuera de acero inolvidable", ¿no les parece un hallazgo? Ese juego con el acero inoxidable, esa reminiscencia de un Antonio Gala siempre moreno, delgado, alto y tieso como un cuchillo.

Jugar con las palabras, cambiar de sitio una letra, et voilá, ahí tenemos la expresión genial que nos deja prendados.

sábado, 4 de abril de 2015

El español y los culebrones

Joven con espejo, de Berthe Morisot

Hay quien piensa que las telenovelas sudamericanas, con la audiencia masiva que tienen, están colaborando al deterioro y degeneración del idioma, pero según mi propia experiencia, más bien son un elemento que empuja a ciudadanos de otras lenguas a aprender castellano. El verano pasado tropecé en Montenegro con una chica que entendía castellano a fuerza de ver telenovelas, no se atrevía a hablarlo pero fuimos capaces de entendernos hablando yo en español y ella en inglés, aunque también es verdad que le poníamos ganas.

De hecho, el negocio que supone la exportación de una telenovela ha hecho que los productores hayan buscado el asesoramiento de lingüistas para determinar qué giros lingüísticos serían comprendidos tanto en Hispanoamérica como en España y cuáles no, qué vocabulario conviene más utilizar, qué expresiones pueden considerarse universales.

Decía Ernesto Sábato que había que preservar la unidad de la diversidad del español, aunque seguro que él no pensaba en el formato telenovela como un medio para conseguirlo. Cosas raras que pasan.

martes, 31 de marzo de 2015

Los libros que se dejan los viajeros en los aviones

At the Station, de Giuseppe Ricci

"El otro día nos dijo un rastrista:
-Me ha entrado un lote de dos mil libros ingleses, vengan ustedes a verlos el martes. El lunes no, porque esto lo cierro. El martes.
Hemos estado hoy a verlos.
Los tenía metidos en cestos y ocupaban toda la cueva que abre sus bóvedas debajo de la almoneda. No era verdad que fuesen todos ingleses. Los había en ruso, en japonés, en holandés, en hebreo, alguno en español. Eran todos best-sellers.
Estábamos J. M. y yo asombrados. Nos preguntábamos, ¿De dónde vendrán? ¡Qué libros tan raros! Eran todos muy malos.
Intentábamos aplicar nuestras dotes detectivescas, sin éxito, hasta que descubrimos en uno de ellos una tarjeta de embarque, y luego otras entre las páginas, como señaladores.
Se trataba de los libros que se dejan los viajeros en los aviones de Iberia. Allí debe de haber uno que los junta y los trae al Rastro a venderlos. No creo que le dieran por ellos nada de sustancia.
De todo eso yo he concluido dos cosas. Esto que quiere hacer uno con la literatura es absurdo. Nunca lo conseguiremos a la vista del gusto del público, que es execrable (el gusto y el público). Y en segundo lugar, comprobando lo que la gente lee, lo razonable es que tendría que haber más accidentes de avión, como se entresaca la remolacha, como se purgan los gatos, como se selecciona la raza por epidemias periódicas."

Trapiello, Andrés: Los Caballeros del punto fijo