viernes, 5 de febrero de 2016

A Gento le es inverosímil

El Secreto, de Bernardo Torrens

Marcos, dos años y cuatro meses, cuando se refiere a sí mismo a veces dice "yo" y a veces "el nene". La frontera, entre ese yo todopoderoso que acuñamos con los años, y la tercera persona que nos sirve para tomar distancia, todavía no está marcada y él es a veces "yo" y a veces "el nene". Por lo visto Gento, un jugador de fútbol importante allá por los años cincuenta, hablaba de sí mismo en tercera persona, como si el profesional del balón fuera una figura de la que el propio Gento se distanciara. Vamos, que Gento para sí mismo era como "el nene" para Marcos. Esta anécdota que cuenta AT es muy divertida.

"No dudaba en absoluto de su talento, al contrario. Había en él algo muy francés, no sé, ese aire académico y burgués que tienen en Francia casi todos los escritores, donde jerarquizan, encarpetan y etiquetan cada movimiento literario y artístico. A veces decía: "Y Fulano, que no sabía quién era X, dijo tal cosa...". X era él, hablaba de sí mismo por el apellido, como Gento, el jugador del Real Madrid, cuando le preguntaban los periodistas: "¿Jugará hoy Gento de medio o de delantero?". Parece que se lo preguntaban siempre; y respondía: "Gento jugará hoy de delantero", o de media punta, en fin, lo que tocara, hasta que un día llegó la respuesta memorable, aquel "a Gento le es inverosímil". Era maravilloso oírle hablar de sí por su propio apellido, llamándose a sí mismo como supone que se dirigirá a él la posteridad."

Andrés Trapiello: Seré duda

lunes, 1 de febrero de 2016

Un txantxangorri para dar alas al euskera

Levitation, de Paul Benney

El euskera ya tiene marca: un txantxangorri que se acompaña del lema "para dar alas al euskera". El txantxangorri es un petirrojo, en castellano; un pájaro pequeño, precioso y sociable que debe su nombre al color de su pecho, aunque este es más naranja que propiamente rojo. Es también la marca de Karlos Arguiñano: un petirrojo con gorro de cocinero y un ramito de perejil en la boca.

El objetivo de esta iniciativa es conseguir que se hable más en euskera, una lengua que tiene unos índices de conocimiento muy superiores a los de su uso. ¿Es posible que con la existencia de una marca se hable más euskera? Quizás, aunque es difícil de predecir. De momento, los promotores han hecho hincapié en que la intención es invitar y no obligar, lo cual es uno de los primeros pasos para no provocar al adolescente que todos llevamos dentro.

La presentación ha conseguido el respaldo de amplios sectores de la sociedad: ayuntamientos,  rectores de universidad, escritores, políticos... e incluso los presidentes de la Real, el Eibar y el Athletic, lo cual ya es mucho más de lo que se consiguió a la hora de condenar la violencia etarra.

martes, 26 de enero de 2016

Esa lingua franca que no hablamos

In the Studio, de William Merritt Chase

Muchas cosas dice Andrés Trapiello en el párrafo que les transcribo más abajo. Trata de esa situación frecuente en los viajes en la que nos encontramos con un -pongamos por caso- holandés y ni él habla español ni nosotros hablamos holandés, con lo que ambos recurrimos al inglés por ver si nos entendemos en esa lingua franca. Pero a menudo nuestro conocimiento del inglés es mucho más pasivo que activo y ese conocimiento pasivo está limitado a unas cuantas frases comunes. Y hablamos, como bien dice AT, con la ilusión de que podemos comunicarnos en un idioma que no dominamos y el holandés con la misma convicción que nosotros, es decir, la de que le vamos a entender.

"No sé por qué razón cuando estos días le hablaban a uno en rumano, les respondía en italiano, si la persona que me hablaba no sabía francés y yo no podía hacerlo en inglés. Y aquí viene esta observación lichtenbergiana: dos personas que no pueden entenderse en ninguna de sus respectivas lenguas maternas, acaban haciéndolo en una tercera, que tampoco hablan, pero que tienen la fantasía de creer que entienden".

Andrés Trapiello: Seré duda

sábado, 23 de enero de 2016

H de halcón

Sin título, de Jackie Morris

Estoy leyendo un libro cuya protagonista es una estudiosa de las aves salvajes que se propone una tarea imposible: domesticar un azor. Y les aseguro que es una novela apasionante. Cómo lo consigue, no lo sé, pero tiene mérito, porque una en esto de los pájaros no conoce nada que no sea el canto de un canario en la cocina de su madre. La autora, Helen Macdonald, no solo es una naturalista experta, sino también escritora, poeta, ilustradora e historiadora. Me llama la atención su gusto por las palabras y cómo se detiene en ocasiones a explicar de dónde procede este o aquel término. Estoy segura de que les gustará esta cita:

"Tendría que haberlas hecho antes, pero no pude. Solo ahora el azor parecía lo bastante real como para que fueran necesarias. Las pihuelas son las correas de cuero suave que pasan a través de los ojales de las polainas de cuero que se colocan en las patas de un ave de presa adiestrada. En inglés se llaman jesses, en singular, jess. Es una palabra francesa del siglo XIV, de cuando la cetrería era el deporte favorito de la clase dominante. Un pequeño fragmento de historia social en el nombre de una tira de cuero. De niña, me había aferrado al desconcertante y complejo vocabulario de la cetrería. En mis viejos libros de cetrería cada parte de un halcón, azor o gavilán tiene su nombre: las plumas, cobertores o remeras; las garras, las uñas, el estropajo bajo la cola. Se dice que las dos primeras crías de un halcón son hembras y por eso el macho, que nace el tercero, se llama terzuelo o torzuelo. Los pájaros jóvenes son niegos; los mayores, rateros, y los más viejos, zahareños. Los halcones a medio adiestrar vuelan sujetos con un largo hilo llamado fiador. Los halcones no se limpian los picos, sino que los asean. No comen su comida, sino su gorra o papo. Cuando clavan sus garras en la presa, la acuchillan. Y así continúa en una mareante panoplia de términos precisos, que lo eran por un motivo. Conocer la terminología de la cetrería era un signo de tu posición en la sociedad. (...) Pero cuando yo era pequeña estas palabras no tenían para mí ninguna connotación de estatus social. Eran palabras mágicas, arcanas y perdidas. Yo quería dominar este mundo que nadie conocía, convertirme en una experta en su lenguaje secreto y perfecto."

Helen Macdonald: H de halcón

jueves, 21 de enero de 2016

Así vivimos

Mika Morozov, de Valentin Serov

No tengo gato pero si lo tuviera hoy estaría triste y azul. Vagaría por la casa, de habitación en habitación buscando a ese rubio que se enrosca a ver documentales de animales, preferentemente salvajes. Él, que ha crecido a escasos kilómetros de Chernobyl, y sufre las consecuencias, no sabe que los depredadores más salvajes somos los humanos cuando nos ponemos a ello.

Iván nos ha dejado este año expresiones nuevas, como esa memoria de marisco en que convirtió nuestra memoria de pez, o ese aceite de la Virgen para designar al aceite virgen extra, y una aplicación de lo más lógica de las reglas del femenino al responder que si él duerme como un tronco, una duerme... como una tronca.

Como buen originario del Este, a la hora de marcharse ha mandado sus sentimientos al sótano y nos ha dejado con una frase enigmática y muy típica de él: así vivimos, que no sabe una si es resignación o adaptación al medio. Buen viaje, Iván, y hasta pronto.

lunes, 18 de enero de 2016

¿Se puede evitar la desaparición de una lengua?

Panel for Music Room, de John White Alexander

¿Cómo es posible que desaparezca una lengua? ¿De repente se le olvida a todo el mundo? Pues no, las lenguas desaparecen porque se ven en contextos políticos, sociales, económicos o psicológicos que empujan a sus hablantes a utilizarlas cada vez menos. Y poco a poco, su uso se va reduciendo a ser habladas entre las personas mayores, no de estas a los jóvenes, y cada vez más en en situaciones familiares y no sociales, es decir en conversaciones íntimas (nada que ver con hablar catalán en la intimidad) y no plurales.

Podemos protegernos con normas jurídicas para luchar contra la polución, para prohibir la masacre de focas, para propiciar la convivencia pacífica o para proteger una lengua minoritaria, pero no se puede exigir a un grupo de ciudadanos que hable la lengua que nosotros queremos que hable. No podemos obligar a nadie a transmitir una lengua que siente ineficaz. La seguirán hablando las personas mayores porque esa ha sido su lengua materna o la lengua de su niñez, pero si ese idioma no cuenta con alicientes propios, si la población no siente que "tiene futuro", los jóvenes le darán la espalda porque ellos sólo tienen futuro, el pasado no significa todavía nada en su vida.

jueves, 14 de enero de 2016

Cómo se escriben los latinismos

Le paravent dorée, de James Whistler

Cuando queremos escribir un latinismo correctamente lo primero que debemos hacer es comprobar si está o no en el diccionario de la RAE. Si está, se escribe como cualquier otra palabra del español, con letra normal (ni cursiva, ni negrita) y con las tildes correspondientes: déficit, currículum o referéndum, por ejemplo. Si no está, se escribe como si fuera una palabra extranjera: en cursiva y con las reglas del idioma del que provenga; en el caso del latín sin tildes, pues en latín no se usaban: sine die, persona non grata, etc.

En cuanto al plural, cuando los latinismos acaban en vocal reciben una "s", como cualquier palabra española, ahora bien, la duda surge cuando acaban en consonante, por ejemplo, el plural de currículum en latín es curricula (en cursiva y sin tilde, que esto ya no es español), pero eso queda muy lejos de nuestras normas y terminamos diciendo los currículos, los currículum, o los currículums, que es lo que hacemos con referéndums, déficits, o quórums y que son todas ellas fórmulas aceptadas. Más fácil de lo que parecía, ¿verdad?