miércoles, 28 de enero de 2015

Una termina desvariando

Le Kimono, de William Merritt Chase

La raíz griega deca es un prefijo muy fértil en español. La usamos en el sistema métrico decimal para indicar una cantidad diez veces mayor que la unidad (decámetro, decalitro) y en términos como década, conjunto de diez (aunque ahora por influencia del inglés, década se refiere casi en exclusiva al periodo de diez años), decasílabos son los versos de diez sílabas, decathlon es el conjunto de diez pruebas atléticas, el Decamerón debe su nombre al hecho de que se trata de una obra integrada por cien relatos que sus diez protagonistas narran en el transcurso de diez días.

En cuanto a la raíz latina decem está en el origen de diez, decena, decenio (con annus, 'año'), décimo de lotería, décimas de fiebre y en el sistema métrico decimal, que si recurrió al griego deca como prefijo para los múltiplos, recurre al latín deci para los submúltiplos (decímetro, decilitro) y también de esta raíz proceden las palabras diezmo y diezmar.

Y entre el griego y el latín y otros cuantos más nos vamos entendiendo, a pesar de los pesares y pese a quien pese. Y de esta también saldremos, pues como decía mi tía Aurelia, que el Señor no nos dé todo lo que somos capaces de aguantar. Me voy a buscar de dónde procede la palabra desvaríos antes de que esto vaya a más.

lunes, 26 de enero de 2015

Jai Alai en Las Vegas

By the Window, de Kate Savage

Estoy leyendo Adventures in the Screen Trade. A personal view of Hollywood, de William Goldman, uno de los guionistas más relevantes de Hollywood, autor, entre otras, de "Todos los hombres del presidente", "Dos hombres y un destino", "Maverick" y "Misery". El libro cuenta cómo funciona el entramado del cine, sobre todo desde el punto de vista del guionista, pero también habla del productor, de los directores o de los actores. Se lo recomiendo porque, en mi opinión, después de leerlo cambiará (para bien) su forma de ver una película.

Ajena al lenguaje utilizado y centrada en si William Goldman conseguiría terminar el guión de una película con el Grand Hotel de Las Vegas como protagonista, me encontré con esta frase:

                "I learned about the jai alai fronton and the promenade of shops".

Las palabras jai alai y frontón llamaron inmediatamente mi atención. Jai alai es euskera puro y duro, y frontón, castellano sin paliativos (ambos vienen a significar lo mismo) ¿Qué hacían incrustadas en un texto en inglés? Y sobre todo, ¿qué hacían en Las Vegas?

Muy sencillo, no hay más que leer a Justo Gárate para comprender el alcance del término vasco: "Jai Alai. Los lectores conocerán el hecho de que hasta en Shanghai se procura respetar un nombre vasco para los frontones, pues dicha ciudad como Tientsin y otras numerosas y distantes poblaciones, tenían un templo para el admirable juego descubierto por los vascos o que han cultivado e industrializado los vascos, lo que quizá tiene más mérito que el haberlo descubierto, pues que los demás tuvieron en su mano haberlo hecho y fracasaron".*

Jai alai across the universe, pero William Goldman, por si acaso, lo pone también en castellano: "jai alai frontón".

*Gárate, Justo: Contribución al Diccionario Vasco. Voces vascógenas en idiomas modernos.

jueves, 22 de enero de 2015

El regreso

Adolescentes, de Bettina Schopphoff

Los preparativos para el regreso de Iván a Ucrania me han alejado unos días de este blog. Finalmente hoy ha emprendido el vuelo nuestro ucraniano favorito para regresar a su país, a su frío, su familia, su río... Nos ha dejado la casa vacía y el corazón deshabitado. Cierto que uno recupera sus hábitos, tiene más tiempo libre y menos trabajo pero se echa en falta a ese adolescente tranquilo, alegre a pesar de todo, ocurrente y divertido.

Estos últimos días descubrimos con él que si hubiera respondido a la lógica, el pretérito imperfecto de ir sería "vaba" y no "iba" y que la "calefacción" debería ser "calentación". Volver a descubrir el idioma propio cuando lo habla un extranjero es pasar el día entre asombro y asombro.

Si lees estas líneas, Iván, no te enfades conmigo por sacarte aquí a relucir, es que así te comparto un poco y me parece que hace menos frío.

viernes, 16 de enero de 2015

El nombre de la reina Letizia

After the Meeting, de Cecilia Beaux

Lamento repetirme, pero el asombro ante la historia que llevan escondida las palabras no se me acaba nunca. Por caminos que no vienen al caso, he tropezado con la palabra albricias, un poco antigua quizás, pero curiosa (a mí me suena a expresión de cómic). Albricias procede del árabe al-bisara, y significa 'la buena nueva'. Existe el verbo albriciar, que significa 'dar una noticia agradable', aunque yo no he oído nunca este verbo. Estas palabras me recuerdan el nombre de la reina, Letizia, término que procede del latín laetitia y significa  'alegría, regocijo, deleite'. Desde que se convirtió en princesa y luego en reina, el nombre no le cuadra mucho, pues es como si la alegría se hubiera escapado de su rostro dejando solo una sonrisa congelada, pero ese es el significado de su nombre.

Y ya para terminar está paraninfo, que además de dar nombre al salón de actos de algunas universidades, significa 'el que anuncia una felicidad', significado que la que suscribe desconocía por completo. Qué cosas.

lunes, 12 de enero de 2015

Disfrutar descubriendo

Dames en rose, de Alfred Stevens

"Tratar de componer un ensayo sobre el origen de los dichos en España no era precisamente una friolera. Había que tentarse la ropa y que echarse al coleto muchos libros, a fin de recoger el mayor número de explicaciones.

"Yo me puse a leer, y a adquirir ejemplares agotados, y a rondar bibliotecas, llegando a conseguir que de la Nacional me sirvieran varios libros en préstamo. La labor era fuerte, pero a lo largo de ella iba adquiriendo datos y noticias que, al menos para mí, resultaban interesantes.

"Entre otras cosas, supe, por ejemplo, que la expresión Ni rey ni roque nació del juego del ajedrez y se debe escribir con minúscula, porque el roque es la torre. Que el modismo corriente y moliente hace alusión a los molinos. Que el Hay gato encerrado nada tiene que ver con los felinos domésticos, sino con las antiguas bolsas de dinero. Que dar la lata significó en su origen dar el palo o garrotazo. Que pasar una noche toledana se dijo refiriéndose a los mosquitos (...) Que la exageración hasta los topes no es un término ferroviario, sino un viejo modismo marinero, y que del mismo origen, y nacido en los barcos, es el apelativo de Viva la Virgen que aplicamos al hombre desidioso e informal (...).

Cada una de estas averiguaciones, que muchos juzgarán nimias e intrascendentes, a mi me producían gozo y satisfacción."

Iribarren, José M.: El porqué de los dichos 

viernes, 9 de enero de 2015

Una nueva forma de género: el vaya-usted-a-saber

Mujer con kimono blanco, de George Hendrik Britner

El otro día escuché en la radio la siguiente noticia: "Según Unicef, Afganistán tiene más niños escolarizados que en toda su historia".

Y me quedé pensando si ese "niños" se refería a niños y niñas o solo a niños. A veces el significado está en el contexto, pues si la noticia se hubiese referido a Suecia no tendría ninguna duda de que las niñas formaban parte de ese género masculino que engloba a los dos sexos, pero ¿qué pasa cuando la noticia se refiere a un país en el que a las niñas les puede costar la vida ir al colegio? Pues que nos quedamos sin saber cuál es el alcance real de la noticia. ¿Nadie en la redacción de la emisora cayó en la cuenta? Pues se ve que no, que las prisas, la rutina diaria o cualquier otra circunstancia han hecho que ese detalle tan fundamental pasara desapercibido y lanzara a las ondas una noticia que provoca desinformación.

Para hacer honor al grandísimo valor que demostró Malala con algo tan sencillo como ir a la escuela, terminemos con sus palabras: "Un niño, un profesor, un lápiz y un libro pueden cambiar el mundo".

lunes, 5 de enero de 2015

Cuando florecen las encinas

Almendro en Flor, de Vincent van Gogh

"Cuando florecen las encinas, decía, hay que temblar. Se anuda la delicia en la garganta. Pasa como cuando llora un hombre fuerte y maduro, cuando viene un estremecimiento a colmar una plenitud. Hay en ello algo humano, "sazón de todo". Igual con las encinas. Con las jóvenes y las viejas, que todas florecen. La hoja del chaparro es áspera, crujiente, graciosamente rizada en el contorno, verde el oscuro haz y gris el envés. El tronco áspero y duro se diría insensible. Se diría insensible el árbol entero, apenas conmovido por lluvia o viento, sol o hielo, un contemplativo, con mucho cilicio y poco halago. Y de pronto hay un estremecimiento y el árbol comienza a vestirse, y toda aquella dureza, aquella ascesis, se expresa en purísimo temblor, en goterones de ternura que la llenan toda, que la ponen como llovida de belleza, enmelada, soñadora, sauce sin río en el monte, con toda la fuerza de la encina y toda la melancolía del sauce.

"Las encinas no se conocen a sí mismas cuando llega el florecimiento. Están tan enamoradas, que casi componen una figura patética en el paisaje, y teme uno que ni los pájaros ni los viandantes las tomen en serio y les suceda como a los gigantes enamorados que pierden el tino y el peso.

"Luego, quisiera uno guardar el momento, conservar el temblor, detener el fruto y quedarse para siempre bajo tanta gracia y brío. Pero las noches de primavera suelen destemplarse y no se puede prolongar el crepúsculo bajo una encina florecida. Vendrá el relente y nos herirá la espalda y habremos de abandonar tanta hermosura a la noche".

Muñoz Rojas, José Antonio: Las cosas del campo