jueves, 18 de septiembre de 2014

Los traductores

La Siesta, de John Singer Sargent

¿Alguna vez han pensado ustedes cuántos momentos de disfrute debemos a los traductores? Yo confieso que no, aunque también les digo que después de tener un hijo traductor ha cambiado mucho mi perspectiva de este oficio.

Había leído acerca de sus reivindicaciones, esa petición tan justa de que su nombre figure junto al del autor del libro que traducen y recuerdo cuánto se elogiaba a José M. Valverde, el traductor del imposible James Joyce, por su excelente trabajo. Pero pensar que detrás de cada novela, película, ensayo o noticia que se produce en un idioma diferente al nuestro, hay un traductor, eso, así, no lo había pensado nunca.

Y estos profesionales indispensables tienen que arrostrar con el hecho de que la etimología de la palabra que les define proceda de "traidor". Probablemente se refiera al hecho de que el equivalente exacto de una palabra de determinada lengua no existe en otra, así como que las ideas que expresan estas palabras tampoco son exactamente las mismas: con frecuencia en un idioma falta el término para un objeto, idea o concepto de otra lengua.

Esta característica de las lenguas hace que las traducciones sean necesariamente imperfectas, en especial en el caso de la poesía, donde algunos autores piensan que es imposible la traducción y que solo cabe la interpretación. De hecho, Schopenhauer dejó dicho que "una biblioteca de traducciones se parece a una galería de cuadros que no son más que copias". Ahí es nada.


lunes, 15 de septiembre de 2014

¿Cuántos intérpretes hacen falta en la Unión Europea?

The Red Kimono, de George Hendrik Breitner

¿Se imaginan ustedes una reunión de la Comunidad Europea? ¿Cómo conseguir que se entiendan personas que hablan 24 idiomas distintos? Bueno, pues al parecer el régimen lingüístico que se aplica a las reuniones de las instituciones europeas varía en función del tipo de reunión y de los recursos disponibles   -salas, cabinas, intérpretes- en el momento de que se trate.

Una reunión con un régimen lingüístico 24-24 es una reunión en la que hay 24 lenguas activas y 24 lenguas pasivas, en la Unión Europea eso significa que se interpreta de todas las lenguas oficiales a todas las lenguas oficiales. Ese tipo de régimen lingüístico se llama completo.

Por el contrario, cuando no se interpreta a todas las lenguas oficiales, se habla de un régimen reducido o asimétrico. Sería el caso de una reunión en la que los asistentes pueden hablar en las 24 lenguas oficiales, pero solo se interpreta, pongamos por caso, al francés, inglés y alemán. En este caso, todos los asistentes pueden hablar en su lengua materna pero solo pueden escuchar la interpretación en los idiomas citados. Esto es posible porque, con frecuencia, los asistentes entienden una o varias de esas lenguas pero no tienen los conocimientos o la experiencia lingüística suficiente como para expresarse fluidamente en ellas. Además, recurrir a este tipo de régimen es una forma de adecuarse a la escasez de intérpretes. Pensemos que para interpretar en ambos sentidos entre las lenguas oficiales actuales, es necesario un equipo de 72 intérpretes o más, pero si las lenguas activas se limitan a tres, basta con una docena de ellos. Así, para que la interpretación asimétrica tenga lugar sin una merma de las capacidades negociadoras de ninguno de sus asistentes, es preciso que todos ellos entiendan por lo menos uno de los idiomas activos. Lo que decíamos en un post anterior, viva el multilingüismo.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Pasta con pasta

Boat House, de William Merritt Chase

"Desde un punto de vista de lector, la Biblioteca Nacional, por ejemplo, es insuperable. Pide uno un libro y con un poco de suerte está en sus fondos y se lo pueden traer. Ahora bien, cada uno de ellos permanece guardado en lugares extraños y en compañías absurdas. Ni siquiera todos los libros de un autor están reunidos, sino que se les asigna el lugar que el azar ha querido darles, como a los muertos de un cementerio, que van ocupando el que el destino ha dispuesto. Para evitar la dispersión, las familias idearon los famosos panteones familiares, pero también éstos acaban por llenarse, y a partir de un cierto número se condena a todos los que vengan después a la errancia mortuoria. Con los libros ocurre lo mismo. No es justo para un libro de Galdós, pongamos por caso, tener que compartir toda la eternidad de la Biblioteca Nacional entre uno de Valle Inclán y otro de Ricardo León o Pío Baroja, únicamente porque estos autores publicaron esa obra el mismo año en que lo hizo Galdós, y quién sabe si la teoría de las malas compañías o la manzana podrida en el barril acabará contagiando al resto de los libros. Pobre Juan Ramón Jiménez compartiendo anaquel, pasta con pasta, por toda la eternidad, con Jorge Guillén."


Trapiello, Andrés: Las inclemencias del tiempo

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Ajenos y enredados

El beso, de Gustav Klimt

Hay un banco en mi ciudad en el que casi siempre hay alguien queriéndose. Queda debajo de una autovía, que es desde donde yo lo veo cada día, cuando paso en moto camino de mi casa. Es un espacio soso y neutro con un par de bancos. En uno de ellos, el que queda debajo de la carretera, el más sombrío, a menudo se puede ver una pareja besándose. Nunca es la misma, pero siempre se funden en un abrazo un par de críos, adolescentes que se enroscan en un nudo de piernas y brazos que quisieran unidos para siempre. Así son esos años en los que todo parece absoluto. Ajenos al mundo, ajenos a mí y a la ternura que me producen, se besan como si fuera el último atardecer de sus vidas.

lunes, 1 de septiembre de 2014

La amargura de escribir un diccionario

Autorretrato, de Johann Baptist Reiter

Dice Samuel Johnson en el prólogo de su Diccionario:

"El triste destino de quienes moran en los más bajos empleos del intelecto es el de obrar más empujados por temor al castigo que atraídos por la esperanza del premio; el de hallarse expuestos a la censura, sin esperanza ninguna de recibir elogios; el de caer en desgracia por sus errores o ser castigados por sus descuidos y jamás ser ensalzados por sus éxitos y recompensados por su diligencia. Entre estos infelices mortales se encuentran los autores de diccionarios."

¿Qué le pasaría a este hombre para sentirse tan desdichado por haber escrito un diccionario? Johnson recibió el encargo de componer un diccionario allá por 1746. Él anunció que terminaría la obra en tres años, frente a los treinta que les había costado a los franceses concluir una tarea semejante. No fueron tres sino nueve los años que pasó escribiendo el diccionario, a pesar de lo cual el tiempo invertido fue significativamente menor que el que habían necesitado sus colegas franceses. El resultado final fue alabado por la crítica y el mundo literario y el diccionario se convirtió en la obra de referencia hasta 1928, fecha en que se publicó el Oxford English Dictionary.

¿Por qué ese regusto amargo que se trasluce en la cita de arriba? Solo se me ocurre achacar ese párrafo tan desdichado al hecho de que Johnson, acostumbrado a escribir ensayo y poesía, vio su casa puesta patas arriba al tener que contratar un significativo número de asistentes que le ayudaran a hacer el trabajo mecánico. Todo estaba desordenado con innumerables libros abiertos por doquier, las máquinas hacían ruido y todo esto en un tiempo en el que su mujer estaba gravemente enferma. Conseguir fuerzas para cuidar de su esposa y redactar un diccionario debió parecerle excesivo.

Es curioso que uno se imagine que crear un diccionario sea una tarea preciosa y luego resulte que para alguien que lo hizo y lo hizo bien, fuera un trabajo arduo y desagradecido.

jueves, 28 de agosto de 2014

Multilingüismo en la Unión Europea

1326, de Edward Westbrook

En la Unión Europea se reconocen en la actualidad 24 lenguas oficiales, que son menos que países miembros porque algunas de estas lenguas se hablan en más de un país; veamos cuáles son, según recoge el correspondiente artículo del Diario Oficial de las Comunidades Europeas:

"El presente Tratado, denominado Tratado de Lisboa, redactado en un ejemplar único, en lenguas alemana, búlgara, checa, croata, danesa, eslovaca, eslovena, española, estonia, finesa, francesa, griega, húngara, inglesa, irlandesa, italiana, letona, lituana, maltesa, neerlandesa, polaca, portuguesa, rumana y sueca, cuyos textos en cada una de estas lenguas son igualmente auténticos, será depositado en los archivos del Gobierno de la República Italiana, que remitirá una copia autenticada a cada uno de los gobiernos de los demás Estados signatarios".

Como curiosidad les cuento que el luxemburgués y el turco (Chipre) son las dos únicas lenguas nacionales que no son idiomas oficiales en la Unión Europea, y esto se debe a que ni Luxemburgo ni Chipre han dispuesto de su derecho a solicitar que sean consideradas como tales. Quizás es porque en Luxemburgo el 90 % de la población habla francés, el 88 % alemán y el 60 % inglés, además de luxemburgués. En cuanto a Chipre, el 60 % de sus ciudadanos hablan inglés, además de turco. No sé a ustedes, pero a mí me da mucha envidia semejante nivel de multilingüismo.

lunes, 25 de agosto de 2014

Los suricatos

Old Sarum, de John Constable

Ya saben que a veces (procuro que sean pocas para no asustar) se me va la pinza y hablo en este blog de algo que no tiene nada que ver con el lenguaje, pues bien aquí va uno de esos posts y el que avisa no es traidor.

No es que sea aficionada a los documentales de la 2, pero uno de estos días tuve oportunidad de ver un fragmento de uno de ellos. Lo que les quiero contar es el curioso comportamiento de los suricatos. Los suricatos son unos animales mamíferos un poco extraños y totalmente desconocidos para mí. Parecen una mezcla entre un zorro pequeño y un conejo con grandes ojos redondos. Se ponen de pie muy erguidos con sus enormes ojos negros muy abiertos. Cuando perciben un peligro se agrupan y le hacen frente juntos. Es como si llevaran en su genética eso de "la unión hace la fuerza", porque en lugar de huir y que la pague el más lento, forman un círculo entre toda la manada y hacen frente al agresor mostrándole que podría con uno pero no con todos.

Tampoco es que sea aficionada a tomar ejemplo de los comportamientos animales, no creo que podamos compararnos, la verdad, pero esta forma de actuar me dejó pensativa. ¿Cómo es posible que los suricatos reaccionen con tal solidaridad? ¿Por qué cada uno de ellos defiende al prójimo y éste le defiende a él y así se salvan los dos? Aún sigo dándole vueltas.