sábado, 23 de enero de 2016

H de halcón

Sin título, de Jackie Morris

Estoy leyendo un libro cuya protagonista es una estudiosa de las aves salvajes que se propone una tarea imposible: domesticar un azor. Y les aseguro que es una novela apasionante. Cómo lo consigue, no lo sé, pero tiene mérito, porque una en esto de los pájaros no conoce nada que no sea el canto de un canario en la cocina de su madre. La autora, Helen Macdonald, no solo es una naturalista experta, sino también escritora, poeta, ilustradora e historiadora. Me llama la atención su gusto por las palabras y cómo se detiene en ocasiones a explicar de dónde procede este o aquel término. Estoy segura de que les gustará esta cita:

"Tendría que haberlas hecho antes, pero no pude. Solo ahora el azor parecía lo bastante real como para que fueran necesarias. Las pihuelas son las correas de cuero suave que pasan a través de los ojales de las polainas de cuero que se colocan en las patas de un ave de presa adiestrada. En inglés se llaman jesses, en singular, jess. Es una palabra francesa del siglo XIV, de cuando la cetrería era el deporte favorito de la clase dominante. Un pequeño fragmento de historia social en el nombre de una tira de cuero. De niña, me había aferrado al desconcertante y complejo vocabulario de la cetrería. En mis viejos libros de cetrería cada parte de un halcón, azor o gavilán tiene su nombre: las plumas, cobertores o remeras; las garras, las uñas, el estropajo bajo la cola. Se dice que las dos primeras crías de un halcón son hembras y por eso el macho, que nace el tercero, se llama terzuelo o torzuelo. Los pájaros jóvenes son niegos; los mayores, rateros, y los más viejos, zahareños. Los halcones a medio adiestrar vuelan sujetos con un largo hilo llamado fiador. Los halcones no se limpian los picos, sino que los asean. No comen su comida, sino su gorra o papo. Cuando clavan sus garras en la presa, la acuchillan. Y así continúa en una mareante panoplia de términos precisos, que lo eran por un motivo. Conocer la terminología de la cetrería era un signo de tu posición en la sociedad. (...) Pero cuando yo era pequeña estas palabras no tenían para mí ninguna connotación de estatus social. Eran palabras mágicas, arcanas y perdidas. Yo quería dominar este mundo que nadie conocía, convertirme en una experta en su lenguaje secreto y perfecto."

Helen Macdonald: H de halcón

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