jueves, 21 de enero de 2016

Así vivimos

Mika Morozov, de Valentin Serov

No tengo gato pero si lo tuviera hoy estaría triste y azul. Vagaría por la casa, de habitación en habitación buscando a ese rubio que se enrosca a ver documentales de animales, preferentemente salvajes. Él, que ha crecido a escasos kilómetros de Chernobyl, y sufre las consecuencias, no sabe que los depredadores más salvajes somos los humanos cuando nos ponemos a ello.

Iván nos ha dejado este año expresiones nuevas, como esa memoria de marisco en que convirtió nuestra memoria de pez, o ese aceite de la Virgen para designar al aceite virgen extra, y una aplicación de lo más lógica de las reglas del femenino al responder que si él duerme como un tronco, una duerme... como una tronca.

Como buen originario del Este, a la hora de marcharse ha mandado sus sentimientos al sótano y nos ha dejado con una frase enigmática y muy típica de él: así vivimos, que no sabe una si es resignación o adaptación al medio. Buen viaje, Iván, y hasta pronto.

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