lunes, 24 de diciembre de 2012

La Iglesia y las lenguas

 
Harmony in red, de Henri Matisse
La Iglesia ha tenido a lo largo de los siglos un papel fundamental en la transmisión de los idiomas. Los predicadores, para ser entendidos, debían dirigirse a cada comunidad en su lengua y, más tarde, formalizar sus enseñanzas en unos textos que sus futuros fieles pudieran consultar y reconocer como propios.

Los primeros autores que necesitaban ser comprendidos por un gran número de personas fueron los apóstoles. Podríamos decir que fueron ellos los que fundaron la profesión de traductor porque para transmitir los evangelios era imprescindible contar con personas que pudieran traducir "la palabra de Dios" a los idiomas de muchas y diferentes comunidades.

Curiosamente algunas lenguas se han conservado gracias a la labor de la Iglesia. Si Paraguay es bilingüe hoy, con zonas rurales donde sólo se habla el guaraní, es debido en sus orígenes a la labor de los jesuitas que, del siglo XVI al XVIII, conservaron la lengua indígena en sus misiones. Asimismo, si Quebec ha mantenido el francés en un país que habla mayoritariamente inglés, se debe a la labor de la Iglesia católica, que prefería asegurar su ascendencia sobre la masa francófona recomendándole incluso que no aprendiera inglés (recomendación que los quebequenses desobedecieron santamente).

En África el proceso fue distinto. Muchos países africanos deben su situación multilingüe actual también a la labor de predicadores ingleses y franceses, pero en este continente la costumbre del clero fue predicar en lenguas particulares, lo que impidió que variedades dialectales próximas se fundieran en lenguas generales que hubieran abarcado un mayor número de hablantes, con lo que facilitaron, sin quererlo, la entrada del inglés y del francés.

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