martes, 15 de diciembre de 2015

Cómo desaparece una lengua

Puente de María Cristina, de Ricardo Sanz

Mauro levantó la vista de la tierra y divisó en la lejanía el acueducto que les traía el agua. Su abuelo tuvo el privilegio de ver cómo lo construían aquellos obreros que habían traído de Roma. El abuelo le solía contar lo difícil que había sido entenderse con los extranjeros. Hablaban latín, que es lo que ahora todo el mundo hablaba en la aldea, pero el abuelo y todos los demás en aquel tiempo sólo hablaban osco, que era el idioma de esa tierra. Empezaron a chapurrear algo de latín para poder entenderse con los forasteros. Ellos sabían muchas cosas y el abuelo siempre había sido un hombre dispuesto a aprender y deseoso de progresar. Y aprendió lo suficiente para conseguir que el agua llegara a sus tierras, lo que les ayudó a vivir desahogadamente. El padre de Mauro habló osco y latín desde pequeño pero Mauro, aunque entendía el osco, prefería no hablarlo porque no lo sabía muy bien. Además con el latín se entendía con todo el mundo, para qué liarse más.

Y en mi imaginación así fue cómo en un par de generaciones más el osco desapareció del centro de Italia.

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