lunes, 12 de mayo de 2014

El valor de la palabra

Armistice Night, de George Luks


Este blog trata sobre todo de palabras, de cómo se combinan las palabras, de por qué tomamos préstamos de otros idiomas o de cuál es la etimología de determinado término. Pero curiosamente no he tratado todavía de cómo se refleja la importancia de la palabra dada en nuestra sociedad.

Ser un hombre de palabra se dice del que es honesto, del que es responsable con lo que dice, de aquel en quien se puede confiar porque hará lo que ha dicho que iba a hacer. Es prácticamente lo mismo que cuando alguien da su palabra y también significa otro tanto la expresión palabra de honor. Respondemos con nuestra honorabilidad de que cumpliremos lo que hemos prometido, "te devolveré el préstamo, palabra de honor".

Retirarle a alguien la palabra o no dirigirle la palabra es el peor desprecio que se puede hacer, es señal de enfado absoluto. Si queremos ofrecer consuelo al abatido le damos una palabra de aliento y si queremos zanjar una discusión o dar por definida nuestra postura, decimos la última palabra.

Y para hacer ver que las palabras, al contrario de lo dicho anteriormente, son para algunos muy fáciles de pronunciar, está la expresión las palabras se las lleva el viento, y yo diría que sí, cierto, las palabras se las lleva el viento pero en ese caso la desconfianza permanece.


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